es constitucional, no confundas

Ni esclavos, ni cachacos

Publicado: 2013-06-13

Columna: DESDE EL LLANO

Por el Militante Constructor Marco Aurelio Lozano 


Viernes 7 de junio. Aunque parezca mentira no todos en nuestra ciudad están interesados en ver el partido Perú – Ecuador. Justamente, a pocos metros del Estadio Nacional, en el anfiteatro del Parque de la Exposición, cientos de jóvenes se han reunido para presenciar la inauguración del Festival Internacional de Culturas Urbanas – Pura Calle. Entre ellos se encuentran chicos con apelativos como Suicida, B Boy Michim o Capone. Estos no son alias para esconder una identidad delincuencial, sino los nombres artísticos de jóvenes que han encontrado en la danza urbana o el rap una forma de manifestar sus temores, querencias y preocupaciones, y algunos incluso un estilo de vida que los aleja de la pandilla, las drogas o simplemente la desesperanza.

“Cuando no estoy ensayando chambeo como promotor de Maltín en colegios. Voy, hablo con los alumnos y siempre me piden hacer algunos pasos de baile”, me explica un joven B Boy (bailarín de breackdance) mientras me ofrece una botella de la bebida que ha sacado de su trajinada mochila. “Ya hemos hablado con la empresa para que nos auspicie un evento de Hip Hop en el barrio” me indica su compañero. Ambos han venido a las oficinas de la Municipalidad de Lima para cobrar su premio tras haber ganado en las “Batallas de Rap, Breakdance y Crew” que organizamos en Lima Norte, Sur y Este como eventos previos al Pura Calle.

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20 de junio del 2013. Edwin es un joven de 19 años y actualmente estudia marketing en un instituto privado pero de costo bastante accesible en la avenida Arequipa. En paralelo ensaya danza urbana con su crew de Villa María del Triunfo y se recursea haciendo “horas locas” y otras actividades en empresas y colegios. Ya ha conversado con varios amigos para formar su empresa de eventos. Su apelativo es Cadete y además de bailar también hace Rap.

Hoy, Cadete se ha enterado que ha salido sorteado para hacer el servicio militar en el Ejército, tal como lo estipula el reciente Reglamento del Servicio Militar. Edwin no va ser cadete, nunca quiso serlo, sólo era su chapa. Ahora probablemente lo llamarán despectivamente “cachaco” como en ocasiones también llaman al presidente de la República. Sus padres no podrán pagar los 1850 nuevos soles que se requiere para recuperar la libertad de elegir qué hacer con su vida. O tal vez pueda organizar una pollada con sus amigos breakers pro-deserción, oportunidad que seguro no tuvieron los mas de 26 mil que desertaron hasta el 2013 debido a las pésimas condiciones en las que sirven nuestros jóvenes reclutass, según informe de la Defensoría del Pueblo.

Del mismo modo, Jaime, vecino de Edwin, también ha salido sorteado. Él trabaja como ayudante en el taller de mecánica de su tío. Con el sueldo de 700 soles ayuda a mantener a su madre y sus tres hermanos menores. Evidentemente, la propina de 365 soles que recibirá con retraso en el Ejército apenas le permitirá cubrir sus gastos personales en el cuartel. ¿Qué hará ahora?

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Edwin, Jaime y los 2 mil jóvenes de Lima y Callao, o los 12 500 a nivel nacional que saldrán sorteados y que no cursan estudios en la universidad se preguntarán ¿es justo que mis sueños se vean truncados por un sorteo y por no tener plata para pagarle al Estado? ¿Es justo tener que pagar para ser ciudadano y no regalarle dos años de mi vida al Ejército?

La pregunta que yo me hago es si habrán algunas ONG, partidos políticos, organizaciones juveniles o estudiantiles o algún colectivo ciudadano que quiera encabezar la lucha contra uno de los peores atentados contra la libertad individual que el gobierno de “la inclusión social” pueda haber perpetrado contra la juventud. Sorprende además que parte del debate se centré en como “mejorar” este atropello contra los jóvenes con supuestas facilidades para continuar estudios superiores, acceder a una licencia de conducir (¿?) o hacer una especie de canje del enrolamiento por un servicio civil voluntario, esto último señalado por el Secretario Nacional de la Juventud, con lo cual lo voluntario se convierte en obligatorio.

De todo lo que he leído, me parece que el problema de fondo lo señala con claridad Semana Económica (sí, una publicación sobre temas empresariales):

“Lo cierto es que el retorno a la obligatoriedad del servicio militar debería ser un asunto mucho más grave que la compra de activos de Repsol. […] El servicio militar obligatorio es la institucionalización de una esclavitud. Temporal, pero esclavitud al fin. Y no uso la palabra como un mero recurso retórico. Así se denomina al trabajo forzado. Y el Estado existe para combatirlo”

El presidente ha tomado decisiones importantes en los últimos días, entre ellas negar el indulto a Alberto Fujimori, con una firmeza y una claridad inusual en el mandatario. Es necesario exigirle que, tal como lo hizo en el caso Repsol, rectifique el despropósito de esta leva institucionalizada. Resulta penoso que esta medida opaque otras noticias importantes para la juventud peruana como la inminente creación de un Vice Ministerio de la Educación Superior (el cual incluye a los discriminados institutos de formación técnico-productiva), una decisión que podría mejorar el futuro laboral de muchos jóvenes.

El 7 de junio, mientras Claudio Pizarro hacía un saludo militar y era indultado por la afición, la alcaldesa Susana Villarán le dijo a los jóvenes reunidos en el Parque de la Exposición “Chicos, estamos para apoyar sus proyectos de vida”.

En este momento, del Ejecutivo ya no se espera apoyo, simplemente respeto al proyecto de vida de los jóvenes. Ni esclavos, ni cachacos. Solamente ciudadanos.



Escrito por

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