Enrique Durand Villalobos
Militante de Constructores Perú – Núcleo Arequipa
Si algo hace que la política –sea “real” o 2.0– se convierta en un canchón baldío, donde la gente no baila porque no hay cumbia que te mueva en la aridez, es el engaño. Claro, es un hecho consuetudinario a la colectividad peruana comprender al político como un mentiroso, y casi se le concede el derecho a adormilarnos con farsas durante un par de meses durante el proceso de las elecciones.
Obviamente, los Constructores, no estamos de acuerdo con eso. Está contra la raíz misma de la política tal como la concebimos nosotros y el padrecito Aristóteles.
Sin embargo, parece que el engaño, la mecida y –para ser más internáuticos– el hoax han decidido ponerse a tono, e infiltrarse también en lo digital en la política.
En un post cada vez más lejano, anuncié esperanzado el inicio de una campaña que debía cambiar la cara de las campañas: una campaña 2.0, infiltrada por redes sociales, post, tweets y esas cosas. La verdad, a una semana de las ánforas, ha resultado ser otra.
La mayoría de los candidatos en mi ciudad no tuvieron un plan de medios digitales. Las principales grupaciones –las que se disputan la Alcaldía Provincial y el Gobierno Regional– tienen apenas páginas web. Una de ellas más organizada que las otras, y tal vez la única con cierta proyección. De las otras, una parece haber sido creada hace 6 o 7 años, y la otra es nada más una portada que conduce a un perfil en Facebook. En Twitter, además de esporádicas apariciones al principio de la campaña, pues casi nada. Nuevamente es una sola agrupación, de las más de 20 que compiten en Arequipa, la que alguna actividad tuvo en el microblogging.
En los muros de Facebook de los mistianos la actividad política –para quienes aceptaron marcar el “Me Gusta”– se ha reducido básicamente a recibir notificaciones de un candidato a la provincial, y darle una paliza digital a otro, en un grupo de aparición muy espontánea, y que aunque tiene cierta resonancia en la webosfera arequipense, no llega siquiera a los 700 miembros.
Hace una semana, un diario de circulación nacional organizo el primero de dos debates –exposiciones sería más justo– entre candidatos. Fueron 9 de los más de 20 postulantes a la alcaldía de Arequipa. Y aunque no fue una corriente consistente, el timeline de los twitteros characatos fue básicamente monopolizado por el tema. Obviamente, los ciudadanos digitales seguimos el debate por Internet, a través de la señal de la radio que lo transmitió en vivo.
Y eso fue todo. A una semana del final –y con la aparente excepción de la campaña limense, animada hace poco por #potoaudios y hierbas similares– esta campaña no cambió en nada la manera de hacer campañas en mi país, en mi ciudad. Los muros, los timelines y los blogs permanecieron básicamente inalterados. No hubo un masivo intento de ciudadanía digital, ni quien lo promoviera honesta y convictamente.
¿Será que en 2011 las cosas serán diferentes?

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